«El valor no es pálida promesa, sino realización en la impura materia. El valor no es la impureza acendrada, sino la impureza asumida. El valor no es amor de una cualidad eximia, sino amor de una persona concreta. El valor no es una idea pictórica, ni una inspiración poética, sino un cuadro pintado, una configuración verbal. El valor no es decálogo enumerativo, sino vida justa. El valor no es postración resonante, sino santidad obediente. El valor no es fórmula, sino obra.»
Textos, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2010; pg. 102.

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