Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.
Catulo
¿A quién crees que entiendes? Si crees que a alguien, te engañas a ti misma. Yo amo a mucha gente, no entiendo a nadie.
Flannery O’Connor
Son las calles aún zarzales que rasgan con recuerdos piel y ojos. Las mismas calles en las que ha de ser criada una niña, cuidados los amigos, buscada la esperanza. Las mismas calles por las que intento dirigirme hacia un combate que valga la pena.
La maleza se extendió desde la casa abandonada en el acantilado. En ella sólo habita ya un halcón monstruoso cuyas garras de presa nada saben de jardinería.
Lo alimento con mi carne y trato de descubrir si es ave migratoria o ha venido para quedarse.
De vez en cuando contemplo sus vuelos salvajes sobre el océano, como si quisiera cruzarlo en un solo viaje; enseguida regresa, agotado, hablando lenguas extrañas (graznidos de urraca, creo).
Cuando el viento lo permite, suelo sentarme a rezar incoherencias.
No sé exactamente qué pedirle a Dios: quizá llegar a entender cómo fue posible no ver ya el mar desde tus labios.

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