«-¿Cómo haces para llorar? Veo que escondes los ojos. Tengo curiosidad. -El hombre tenía los ojos bordeados de rojo, la frente brillante de sudor. Estaba muy pálido. Enfermo, resolvió Case. O drogas.
-Nunca lloro mucho.
-¿Pero cómo harías para llorar, si alguien te hiciera llorar?
-Escupo -dijo ella-. Los canales me llegan hasta la boca.
-Entonces ya has aprendido una lección muy importante para alguien tan joven. -Apoyó la mano con la pistola sobre la rodilla y cogió una botella cualquiera de la mesa que tenía al lado. Bebió. Coñac. Un hilo de líquido le corrió por la barbilla.- Así es como se encarga uno de las lágrimas.»
Neuromante, de William Gibson; Minotauro, 2016; pgs. 221-222.

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