«Hay quienes sostienen que no se le puede exigir nada al lector. Consideran que no sabe una palabra de arte y que para llegar a él hay que ser lo bastante humilde como para descender a su nivel. Esto es suponer que la finalidad del arte es enseñar, que no lo es, o que crear simplemente una obra que sea buena en sí misma es una pérdida de tiempo. El arte nunca responde a los deseos de democratización: no es para todo el mundo, sino sólo para quienes están dispuestos a realizar el esfuerzo que su comprensión requiere. Se habla mucho de la humildad que se necesita para rebajarse, pero se necesita idéntica humildad y un auténtico amor a la verdad para elevarse y alcanzar nuevas cotas tras un ímprobo trabajo.»
Misterio y maneras, de Flannery O’Connor; Encuentro, 2007; pgs. 194-195.

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