«La vulgaridad de la vida es, en parte, un reflejo de la vulgaridad de nuestras almas.
Es nuestra perezosa inteligencia, nuestro afán de seguridad y nuestro horror de lo extraño, es nuestro gozoso acogimiento de todo lugar común, de toda interpretación fácil, de toda trivialidad rutinaria, lo que vulgariza el extravagante y misterioso universo que nos rodea.»
Notas, de Nicolás Gómez Dávila; Villegas Editores, 2003; pg. 93.

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