«…esos valores que son valores positivos y preferentes para un sentimiento estimativo normal y para una ambición normal, se convierten en valores negativos para el nuevo sentimiento del resentido. La persona presa de resentimiento no puede justificar ni comprender su propia existencia y su sentimiento de la vida sobre la base de que predominen los juicios de valor positivos, por ejemplo, del poder, de la salud, de la belleza, de la existencia, de la vida libre y segura de sí. Por su debilidad, su temor y su angustia, por su espíritu servil, que se ha convertido en orgánico, no puede el resentido apoderarse de las cualidades y de las cosas que tienen esos valores. Y entonces, su sentimiento valorativo cambia en el sentido de decir Todo eso es vano; y los valores positivos y preferentes que conducen al hombre a su salvación, se hallan justamente en las manifestaciones opuestas (pobreza, dolor, mal, muerte). […] el resentido se percibe ahora a sí mismo como bueno, puro, humano, en el proscenio de su conciencia, salvado del tormento de tener que odiar y tomar venganza -sin poder-; aunque en el fondo entrevé su envenenado sentimiento de la vida y vislumbra los valores auténticos, a través de sus valores ilusorios, como a través de un velo transparente. Aquí, pues, no son los portadores de los valores positivos los calumniados, como acontece en la simple calumnia y detracción basada en el resentimiento; antes bien, son los valores mismos los calumniados y sentidos al revés, y, por consiguiente, interpretados al revés también en el juicio.»
El resentimiento en la moral, de Max Scheler; Caparrós, 1998; pgs. 54-55, 55.
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