CAUDAL DE POBRES SOLDADOS

«Este ejército que ves
vago al hielo, y al calor,
la República mejor,
y más política es
del mundo: Aquí nadie espere,
que ser preferido pueda,
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere.
Porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace,
y sin mirar cómo nace,
se mira cómo procede.
Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre, y desnudo un soldado
tiene mayor calidad,
que el más galán, y lucido,
porque aquí, a lo que sospecho,
no adorna el vestido al pecho,
el pecho adorna al vestido.
El dar, y el pedir aquí,
puesto en tan buen uso vive,
que tal vez el que recibe
quedar más airoso vi
que el que da porque aquí es tal
el fruto de la opinión,
que es dádiva la ocasión
de hacer a otro liberal.
No aquí en la arrogancia crece
de nadie el crédito, pues
aquí el más valiente es
el que menos lo parece.
Y así de modestia llenos
a los más viejos verás,
tratando de serlo más,
y de parecerlo menos.
Aquí la más singular
hazaña es obedecer,
y el modo de merecer,
es no pedir, ni rehusar.
Aquí en fin, la cortesía,
la fineza, la amistad,
el buen trato, la verdad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad, y la obediencia,
fama, honor, y gloria, en fin
caudal de pobres soldados:
que buena, o mala fortuna,
la Milicia no es más que una
Religión de hombres honrados.»

De la primera jornada de la obra Para vencer a Amor, querer vencerle, de Pedro Calderón de la Barca.

Alférez de España, de Augusto Ferrer-Dalmau (2011).

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