Para usted no significa nada sacrificar la vida (la propia o la ajena). Usted es el hombre que necesitamos; y yo, en particular, necesito a un hombre como usted. No conozco a otro más que a usted. Usted es mi caudillo, usted es mi sol y yo soy su gusano…
Los demonios, de Fiódor Dostoyevski; Alianza, 2003, volumen 2; pg. 521.
«La democracia colectivista y despótica somete las voluntades apóstatas a la dirección autocrática de cualquier nación, clase social, partido, o individuo, que encarne la voluntad recta. Para la democracia colectivista y despótica, la realización del propósito democrático prima sobre toda consideración cualquiera. Todo es lícito para fundar una igualdad real que permita una libertad auténtica, donde la soberanía del hombre se corona con la posesión del universo. Las fuerzas sociales deben ser encauzadas, con decisión inquebrantable, hacia la meta apocalíptica, barriendo a quien estorbe, liquidando a quien resista. La confianza en su propósito corrompe al demócrata autoritario, que esclaviza en nombre de la libertad, y espera el advenimiento de un dios en el envilecimiento del hombre.»
Textos, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2010; pg. 72.

Deja una respuesta