«¿Qué había aprendido realmente de todos esos libros? Poco y nada. Su relación con Valentina, en cambio, le había enseñado que el centro del ser era oscuro y que la única forma que podía adoptar la literatura frente a las pulsiones irresistibles del inconsciente era el laberinto: una vez adentro, no quedaba más que entregarse al delirio.
Por seis meses Marcel fue un hombre feliz que no se cuestionaba su felicidad, un amante atento, fiel, generoso y tan agradecido que el precario equilibrio de su situación -el riesgo que conlleva entregarse de esa manera al amor- no se le hizo evidente hasta que Valentina lo traicionó. Un viernes por la tarde, al llegar a casa luego de escapar de un seminario de lingüística, Marcel halló a su novia en el sofá que habían comprado juntos, con la cara entre las piernas de su profesora guía, una mujer de sesenta y cinco años que le supervisaba la tesis de grado. La sorpresa de Marcel fue tan grande que no pudo reaccionar. Se retiró de la sala sin hacer ruido y se encerró en su habitación a leer un libro de Gilbert Ryle –The Concept of Mind– de tapa a tapa, cuatrocientas páginas que devoró como un alcohólico que acepta su inevitable recaída.»
La Antártica empieza aquí, de Benjamín Labatut; Anagrama, 2026; pg. 125.

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