«No hace mucho una profesora me dijo que sus mejores alumnos consideran que ya no hace falta escribir nada, que ahora puede hacerse todo con números, y que lo que no se puede hacer con números no merece la pena. Me parece natural que ésta sea la opinión de una generación a la que le han hecho creer que la finalidad del aprendizaje es eliminar el misterio. Para tales personas, la literatura puede ser sumamente perturbadora, puesto que el escritor se ocupa del misterio vivido. Se ocupa del misterio último, según lo encontramos encarnado en el mundo concreto de la experiencia sensible.»
Misterio y maneras, de Flannery O’Connor; Encuentro, 2007; pg. 134.

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