LA PARED

Toquetea el nudillo hipertrofiado.

Levanta la mirada y busca algo entre el blanco de la pared infantil.
Cree percibir una sombra: como del tamaño de un nudillo normal.
Palpa con los dedos de esa misma mano. Pero no: la pared infantil parece seguir igual.

Recuerda la foto. Que ella hizo. Mientras él leía su diario.
Se veía perfectamente su mano derecha inflamada.

El dolor, los gritos.
El odio.

La pared.

Ella dijo que le encantaba aquella foto.
Tras escuchar aquello, por alguna razón, él siguió allí.

Probablemente, estaba enamorado.

Blanco sobre blanco, de Kazimir Malévich (1918).

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