«A saber: para crear el mundo, Dios tuvo que retirarse de sí mismo, dejando en su cuerpo un vacío que devendría un espacio para el mundo. De ese espacio, Dios desapareció. La palabra desaparecer deriva de la raíz elem y el lugar de la desaparición se denomina olam: el mundo. De manera que incluso el nombre del mundo da cabida a la historia de la desaparición de Dios. El mundo solo pudo aparecer porque Dios lo había abandonado. Al principio hubo algo que enseguida faltó. Así es el mundo. El mundo entero es una carencia.»
Los libros de Jacob, de Olga Tokarczuk; Anagrama, 2023; pg. 951 [en este libro, la paginación es una cuenta atrás…].

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