DIOSES MENORES

-Papi, ¿por qué te llevas el diario a todas partes?

-Ya lo entenderás.

«Solo mencionaré una conferencia, mi favorita. La concibió Karen. Fue a ella a quien se le ocurrió la idea de hablar de los dioses menores, los que no se encuentran en las páginas de libros conocidos y populares, los que Homero no mencionó y más tarde Ovidio ignoró; los que no hicieron méritos con aventuras bélicas o amorosas; los no suficientemente aterradores ni suficientemente astutos, efímeros, apenas conocidos gracias a migajas de roca, menciones, vestigios de bibliotecas quemadas. Pero gracias a todo eso han conservado algo que los famosos perdieron para siempre: la volatilidad e intangibilidad, la forma líquida, la incertidumbre de su genealogía. Emergían de las sombras, de lo informe, y volvían a sumirse en la oscuridad. Como Kairós, sin ir más lejos, que siempre opera allí donde se cruzan el tiempo humano -lineal- y el divino -circular-. Actúa en la intersección de tiempo y espacio, en ese momento que se abre solo durante un breve lapso, suficiente para hacer aflorar una posibilidad única, irrepetible y verdadera. Es el punto donde la línea recta que va de ninguna parte a ninguna parte converge por un instante con el círculo.»

Los errantes, de Olga Tokarczuk; Anagrama, 2019; pg. 371.

Insel im Attersee, de Gustav Klimt (c. 1901-1902).

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