El acercamiento a la religión por medio del arte no es capricho de esteta: la experiencia estética tiende espontáneamente a prolongarse en premonición de experiencia religiosa.
De la experiencia estética se regresa como del atisbo de huellas numinosas.
Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1220.
«- […] ¿Es verdad, príncipe, que usted dijo en cierta ocasión que el mundo se salvaría por la belleza? ¡Señores -se puso a gritar dirigiéndose a todos los presentes-, el príncipe afirma que la belleza salvará al mundo! Pues yo afirmo que si tiene ideas tan divertidas, es porque ahora está enamorado. Señores, el príncipe está enamorado, me convencí de ello tan pronto como lo vi entrar hace un rato. No se ponga colorado, príncipe, que me daría pena. ¿Qué clase de belleza salvará al mundo? Kolia me lo contó… ¿Es usted un cristiano fervoroso? Kolia dice que usted se llama a sí mismo cristiano.»
El idiota, de Fiódor Dostoyevski; Penguin, 2017; pg. 525.

Deja un comentario