CUÁNTO DIOS PUEDE EL MUNDO SOPORTAR

Gime el logos por la encarnación. El logos es la antropofilia de lo increado.

Cómo se pinta un dragón, de José Ángel Valente; escrito en Ginebra, en agosto de 1992; incluido en Obra poética 2. Material memoria (1977-1992); Alianza, 2001; pgs. 9-12.

El sentido que ama ser a través de lo humano.

La persona como puente para que crucen la verdad y la belleza.

No estamos muy lejos de Heidegger y su Dios llamado Ser, que se da cuando y donde quiere.

¿Tan lejos como para olvidar las cautelas que cristianismo y judaísmo han impuesto a la presencia de Dios en el mundo?

Pero no podrás ver mi rostro, porque cualquiera que vea mi rostro morirá.

Desde el punto de vista judío, de hecho, el cristianismo ya es un atrevimiento excesivo, temerario. Hybris que ha de ser castigada.

El judaísmo mantiene oculto a Dios en la abstracción. Y tiene poderosas razones para ello. Su propio mesianismo ha sido matizado y vigilado hasta la neurosis, para evitar que el rostro de Dios sea visto.

Para evitar que el mundo muera.

La solución cristiana es coronar de impotencias la presencia de lo divino. Mi reino no es de este mundo.

Porque cada vez que un simple mortal cree ser voz o rostro de Dios (del Ser), lo que irrumpe en el mundo es el infierno.

Porque es difícil saber con claridad qué desea encarnarse a través de nosotros.

Nuestro silencio
en no pocas ocasiones
salva el mundo.

Bright Room, de Sasha Hartslief (2023; conocida gracias a la cuenta de María).

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