«…al exponerlo a las inclemencias del tiempo, el tratado había captado por fin cuatro cosas de la vida.«
2666, de Roberto Bolaño, Anagrama, 2004; p. 245.
«El afán prometeico de Occidente, aún pujante a pesar de todos los descalabros del pasado siglo, unido a la desorientación propia de la época, plagada de incógnitas y acertijos, cuajan en una religión cientifista que busca refugio en la seguridad de los números y de los cómputos informáticamente controlables.
Pero la dramaturgia que brota y, al mismo tiempo, estructura, la somaticidad humana, no es tan fácilmente reducible a cuantificaciones.
Para bien y para mal, los cuerpos dramáticos deben interpretar sus papeles en el escenario que disponen la Historia, las familias, los amigos, las victorias y las derrotas, los éxitos y los fracasos, el crimen y la entrega incondicional, el amor y la traición. El estuche epidérmico sólo alcanza su auténtica realización cuando se configura como rostro, como manos que acarician o matan, como madre que observa con alegría el crecimiento de su somaticidad embarazada.
En el fondo de todo esto, parece pulsar un miedo a tomar decisiones, a tomar partido por un camino u otro en un momento en el que, como hemos dicho, todo parece tan difuso. Hombres y mujeres buscan métodos que les aseguren la efectividad de sus acciones y el éxito de sus elecciones; pero tal método no existe.
Nada hay que nos dispense de la responsabilidad de nuestras acciones: ningún cómputo determinista nos dirá cuál es la mejor manera de soportar la humillación, ninguna deducción matemática nos hará entender el dolor insoportable del que sufre a nuestro lado.»
Del final de mi trabajo para el DEA, Discursos actuales de la Biología: las fronteras de la cuantificación; presentado en el año 2007 bajo la dirección de Juan Bautista Fuentes, profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense.

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