«-Buenos días -dijo el principito.
-Buenos días -dijo el mercader.
Era un mercader de píldoras especiales que aplacan la sed. Se toma una por semana y ya no se siente necesidad de beber.
-¿Por qué vendes eso? -dijo el principito.
-Es una gran economía de tiempo -dijo el mercader-. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
-¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
-Se hace lo que se quiere…
Yo -se dijo el principito-, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría tranquilamente hacia una fuente…«
Capítulo XXIII de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry; Salamandra, 2015; pg. 51.

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