¿Eres lar? ¿Lo somos?
¿Entiendes tú también el hogar como posada?
Reposo de caminantes, restauración de tareas.
Y al calor del fuego invocar nuevos personajes: traer más voces al relato del mundo.
¿También tú deseas construir refugios desde donde contemplar el mar incluso en sus tormentas?
Y ofrecer comida y bebida a los amigos sobre el acantilado, mientras los niños ensayan aventuras.
Cuidar de las sangres, llorar a los muertos, festejar con los vivos.
Leernos los sentidos, escribirnos a la luz de las ventanas.
Abrirlas en la mañana, para que el viento airee las habitaciones.
En definitiva, ¿son recios los muros de esta bastida?
Y…
¿hasta dónde somos casa?

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