UNA MANCHA EN EL SOFÁ

Hay una mancha en el sofá, que nunca ha sucedido.

¿Recuerdas? Fue cuando viniste a ver esa película que tanto nos apetecía. No sé exactamente qué te hizo reír y se derramaron unas gotas de vino junto a tu falda roja.

Ahora observo en silencio esa mancha en el sofá, que nunca ha sucedido.

Y mientras me duele este dolor que duele sin descanso (que no sé si es cómplice del tuyo, pero me valen tus palabras prestadas), sólo espero que algún día me pidas de nuevo que vuelva a menudo para llevarte, de noche -entre nuestras monstruosas necesidades-, hacia un sufrimiento sublime que demuestre que no vivimos menos de lo que podemos, que nos lanzamos de cabeza a nadar en las inundaciones del mar que siempre nos ha separado y unido al mismo tiempo -el que existe más acá del fuego infinito en el que ahora te pierdo-.

Sí, eso espero.
Mientras acaricio la mancha en el sofá, que nunca ha sucedido.

[Entrada publicada en La Bastida Errante en el verano de 2023. Redescubierta allá al fondo de tus secretos, ahora que ya ha sucedido una película (incluso dos), para saber que yo soy la mancha borrosa en el sofá, desvaneciéndome -al calor de una manta compartida- en reminiscencias, leves contactos y frases sueltas.]

Clementine, de Nick Alm (2022)

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