«A una flor hay que descubrirla, es preciso sumergirse en su secreto, como en otro tiempo me sumergí yo en la zinnia. Entonces la flor se vuelve más bella, y no sólo en la imaginación. El cultivo de esa flor va precedido de la mirada de amante, la cual es como el rayo de luz que atraviesa el cristal y despliega el espectro. No es que se cree una belleza escondida, sino que se la desvela.»
Escrito por Ernst Jünger en Überlingen, el 1 de septiembre de 1969; en Pasados los setenta I. Diarios (1965-1970); Tusquets, 2006; pg. 554.

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