EL FUGITIVO

No suele ser buena idea estorbar la carrera de una persona que huye.

Hay cosas que sólo la vida puede enseñar.
Y aunque nos duela contemplar las caídas (y consiguientes heridas) del desquiciado corredor, en el fondo sabemos que cualquier cosa que digamos no será escuchada.

Si alguien huye así, es porque lo necesita.

Sólo nos queda pedirle a Dios que el fugitivo aprenda algo de tanto golpe.
Antes de hacerse auténtico daño.

Winter 1946, de Andrew Wyeth (1946)

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