IRONÍA OFF

«La ironía y el cinismo fueron lo que requería la hipocresía estadounidense de los cincuenta y los sesenta. Fue lo que hizo de los primeros posmodernos unos grandes artistas. Lo grandioso de la ironía es que separa las cosas y nos eleva por encima de ellas para que podamos ver los defectos y las hipocresías y las duplicidades. ¿Que el virtuoso siempre triunfa? ¿Que Ward Cleaver es el padre prototípico de los sesenta? Claro. El sarcasmo, la parodia, el absurdo y la ironía son formas geniales de quitarle la máscara a las cosas para mostrar la realidad desagradable oculta tras ellas. El problema es que una vez desacreditadas las reglas del arte, y una vez que la ironía revela y diagnostica esas realidades desagradables, ¿qué nos queda por hacer? La ironía es útil para desacreditar ilusiones, pero la mayor parte de las ilusiones por desacreditar en los Estados Unidos ya han sido desacreditadas de sobra. Una vez que todo el mundo sabe que la igualdad de oportunidades es una bobada y que la bobada de Mike Brady de Tan Sólo Di No es una bobada, ¿qué hacemos? Aparentemente todo lo que queremos hacer es seguir ridiculizando las cosas. La ironía posmoderna y el cinismo se han convertido en un fin en sí mismos, en una medida de la sofisticación en boga y el desparpajo literario. Pocos artistas se atreven a hablar de lo que no funciona en los modos de enfocar la redención, porque a todos esos ironistas hastiados les parecerá un rollo sentimental e ingenuo. La ironía ha pasado de liberar a esclavizar. Hay un gran ensayo en algún sitio que contiene una frase acerca de que la ironía es la canción del prisionero que llegó a amar su jaula.»

De la entrevista realizada por Larry McCaffery a David Foster Wallace, publicada en el verano de 1993 (el mismo año en que terminó de escribir el manuscrito de La broma infinita); incluida en Conversaciones con David Foster Wallace; Pálido Fuego, 2016; pg. 96.

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