TAN SIMBÓLICO SU SILENCIO

«¿En qué podrá basarse el gran consuelo que nos deparan las flores y que es el regalo que ellas nos hacen? He estado meditando sobre eso. En primer lugar ese consuelo es ciertamente de índole erótico-terrenal, pues las flores son los órganos amorosos, los brotes amorosos de la madre Tierra. Los momentos culminantes de las flores son magníficos, a su altura no llega ni siquiera la más elevada magnificencia animal. Parece como si ahí estuvieran expresándose unas leyes cósmicas con una pureza directa, igual que en el Paraíso. Tal vez sea parecida a ésa la relación entre los soles y sus planetas. ¿Quién conoce las fuerzas que ejercen los unos sobre los otros?

Hay en la contemplación de los cálices, en segundo lugar, también un goce espiritual. Es tan hondo, tan convincente, tan simbólico su silencio. En todo jardín rural, en todo camino de campo refulgen mosaicos y bandas de pictografía. ¿En qué otro lugar se vislumbra de un modo tan claro la posibilidad, la existencia de mundos superiores al nuestro? Es néctar divino lo que brilla en esos cálices, es vino de la eterna juventud.»

Escrito por Ernst Jünger en Kirchhorst, el 14 de abril de 1945; en sus Diarios de la segunda guerra mundial 1943-1948); Tusquets, 2005; pg. 378.

Detalle del Retrato de una dama, de Raimundo de Madrazo (c. 1900-1910)

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