La gracia que me hizo cuando aquel hombre dijo complicitat justo al pasar a la orilla de nuestros mares pardos.
Como si Dios mismo creara vidas enteras con el único objeto de que sirvan de atrezzo y decorado, durante unos breves momentos, en el guión que nos escribe.
Pero el recuerdo ya teme que Dios sólo escribía bromas pesadas, en un vodevil de tercera.
Para aquella escena.
Para aquella esquina.
Y pienso que rezar es
quizá
tratar de crear en Dios
dudas literarias.
[Publicado por primera vez en La Bastida Errante, el domingo 18 de mayo de 2025; apuntado en el diario en esa misma fecha]

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