«Nos despedimos. Vi cómo el taxi se perdía de vista. Subí de nuevo, entré en el dormitorio, deshice la cama y volví a hacerla. Había un largo cabello oscuro en una de las almohadas y a mí se me había puesto un trozo de plomo en la boca del estómago.
Los franceses tienen una frase para eso. Los muy cabrones tienen una frase para todo y siempre aciertan.
Decir adiós es morir un poco.»
El largo adiós, de Raymond Chandler; Alianza, 2002; pg. 386.

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