«El señor Knightley discute con Emma, desafía una y otra vez sus capacidades y le descubre sus defectos para al final confesarle que está enamorado de ella. Knightley representa la capacidad de estar en Highbury (ese lugar estrecho) sin perder la integridad, lo cual quiere decir que sabe estar en el mundo conservando al mismo tiempo la calma, la distancia y la entereza. El señor Knightley dice hablar muy poco a causa de su escrupuloso deseo de atenerse a la verdad, y la verdad, así lo dice Emma, rara vez, muy rara vez llega a pertenecer a ninguna declaración humana; rara vez puede pasar que no se enmascare un poco, o que no se distorsione un poco.»
Cuando los pájaros cantan en griego, de Aida Míguez Barciela; Punto de Vista, 2017; pg. 124.

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