Sé que vienes
y me siento a esperarte, tranquilamente, refugiado entre telas recias de la brisa marina.
Siempre sé que vienes, por el corretear intestino de las termitas.
Sé que vienes, rebosando palabras graves como un corazón de acero, que yo he de traducir de tu bella lengua materna.
Vienes a agotarme, lo sé, con tu exasperante anhelo de verdad.
Como un amor de la infancia sin ensuciar, vienes prometiendo alternativa redención.
No te soporto, mi amor. Y, sin embargo, aquí estamos sentados los dos, charlando, con sendos cafés calentándonos las manos arrugadas, frías y viejas.
Eso último que dijiste no lo escuché bien -esa maldita gaviota gritona-.
A pesar de todos estos años que hemos pasado juntos, sigo sin saber exactamente cómo te llamas. Y tú sigues negándote a decírmelo. Nunca te has dado entera, durante todos estos años. No te extrañe entonces que yo aún siga guardando las distancias, amor.
Sé que vienes, por la impotente insistencia del vacío en hacerme sentir solo. Te acercas y el mundo se llena de algo, que no sé qué es, pero me acurruca.
Y me haces hablar como si realmente tuviese algo que decir, como si mi vida estuviese repleta de maravillas que merecen ser contadas. Y que sólo si tú las escuchas parecen existir.
Callamos, mientras los caballos pastan aquí cerca, entre los molinos del parque eólico.
Te pones en pie. ¿Te vas ya? Tienes prisa, hoy.
Ten cuidado con el escalón.
Es un abismo.
Esta entrada fue publicada durante la «primera temporada» de El Sosiego Acantilado, el 4 de abril de 2021. Resucitó posteriormente en La Bastida Errante, tras haber sobrevivido al sacrificio digital del primer blog.
Casi dos años después de su nacimiento, el domingo 2 de abril de 2023, volví a compartirla en Twitter; ese día, si no me equivoco, el nombre de ella apareció por primera vez en mis diarios.
Y leo en la página de ese día que volví a compartir este texto porque encontraba curiosas casualidades entre lo escrito en él y lo que veía en ella: como si fuera esta entrada una misteriosa profecía que empezaba a correr el riesgo cierto de cumplirse…

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