INTENTO EXPLICAR

Intento explicarle a mi cuerpo que tu proximidad ya no es posible. Que estos días fueron la excepción y no la regla.

Y mi cuerpo no acierta a entender de qué diablos le estoy hablando y sólo me insulta por permitir tal lejanía.
Otra vez.

Intento explicarles a mis ojos que tus ojos no son rutina que construir, sino milagro que añorar. Que esa verdad que entre ellos habita ha de ser desahuciada precisamente por intempestiva y anómala.

Y mis ojos me castigan negándose a traer más mundo y obligándome a vivir en la memoria donde sólo tú imperas.
Con seis días he de llenar de imágenes el resto de mi vida.

Intento explicarme el sentido de ser sin ti. Así que balbuceo incoherencias, hasta desplomarme en un silencio que mide seiscientos kilómetros de largo; alto como los árboles bajo los que te leía mi diario.
Y tú callabas el tuyo.

Intento explicar lo inexplicable a esta soledad que me somete. Como si explicar sirviera para caminar de nuevo junto a ti entre las calles presentes de mi infancia.
Intento explicar. Pero no entiendo nada.

Dejo de intentarlo y busco refugio entre tus sonrisas de estos días. Para comprobar, nuevamente, que en ellas quedo aún más a la intemperie.

Y ahí permanezco, sosiego forzoso e impotente,
empapado y aterido tras el oleaje del bello mar
sobre el que me he visto acantilado.

Sobre el que yo amé abismarme.

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