LA CARNE SENSUAL DEL MUNDO

«En el silencio de los bosques, en el murmullo de una fuente, en la erguida soledad de un árbol, en la extravagancia de un peñasco, el hombre descubre la presencia de una interrogación que lo confunde.

Dios nace en el misterio de las cosas.

Esa percepción de lo sagrado, que despierta terror, veneración, amor, es el acto que crea al hombre, es el acto en que la razón germina, el acto en que el alma se afirma.

El hombre aparece cuando Dios nace, en el momento en que nace, y porque Dios ha nacido.

El Dios que nace no es la deidad que una teología erudita elabora en la substancia de experiencias religiosas milenarias. Es un Dios personal e impersonal, inmediato y lejano, inmanente y trascendente; indistinto como el viento de las ramas. Es una presencia oscura y luminosa, terrible y favorable, amigable y hostil; satánica penumbra en que madura una espiga divina.

Una luminosidad extraña impregna la íntima substancia de las cosas. Las piedras sagradas señalan la carne sensual del mundo.»

Textos, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2010; pgs. 48-49.

Peña de la Aparición, pedra de abalar con bautizo de cruz cincelada, que uno encuentra al entrar en la ermita de la Virgen de Chamorro; protectora de la Ría de Ferrol, Nosa Señora do Nordés, viento de los navegantes.

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