«Hay consuelo en la poesía, hay enseñanza, pero la poesía no es cobijo ni lección, sino mucho más que eso, su esencia resulta inabarcable y ninguna definición se atreve a contenerla. Ella queda siempre más allá de cualquier alcance que no sea el de los versos mismos que la traen y la conforman, por eso no admite compromisos políticos, ni sociales, ni cualquier otra componenda; la siempre virgen, la eternamente libre de demandas. En su fórmula hallaremos unas gotas de emoción discursiva y el río entero de la música. Una música otra, una música que encuentra en el sentido cada una de sus notas. La música plena de la palabra. y qué alegría surge sólo por cantar. ¿Qué poeta podrá sentirse desdichado si encuentra la melodía con que poner en danza sus penas? Cualquier obra creativa es, en el fondo, una expresión de gratitud, aunque se nos presente bajo la apariencia del lamento. El poeta que está a lo suyo es hombre a salvo, y los dioses lo envidian.
Durante muchos años, tuve ideas para escribir poemas, me acercaba al texto sabiendo ya algo suyo de antemano, queriendo utilizarlo, buscando algo para mí como poeta y para él como mi obra. Luego, las cosas comenzaron a cambiar de manera sorprendente y espontánea, como siempre cambian las cosas, de un día para otro, sin más razón que el correr de los días. Luego sonaba una música en el interior del oído y era como si en ese soplo sinusoso viajara ya la semilla de la que brotaban las palabras. Esas y no otras, las únicas posibles, o así me lo parecía sin lugar a dudas. Inesperadas, exactas, reveladoras, tan fáciles, tan ajenas y tan mías. Y entonces fue el asombro, y nació la fe, y pude abandonarme al puro paladeo, despreocupado ya de mi decir; sirviente, criado muy gustoso. Sin que yo haya puesto nada especial de mi parte, aquellos viajes organizados en los que me entretenía se han convertido en esta aventura que me arrastra. Y lo que caracteriza a la aventura es un no saber nunca hacia dónde nos dirigimos o, por mejor decir, adónde nos llevará el viento que empuja nuestra vela. La aventura es disponibilidad, riesgo, sed de vida. Ahora, no puedo escribir sino a la buena de dios, como diría Gaya. A veces se presentan unas palabras, y yo extiendo los brazos como un sonámbulo y me limito a seguirlas en su oscuro viaje hacia la luz. Lo que vengan a cantar y con qué melodía, es sólo cosa de ellas.»
De la conferencia de Vicente Gallego Sobre el arte de hurtarse; Fundación Juan March, 2006; pgs. 30-31.

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