«En las manos de Dios está la vida.
Prepara siempre el último combate,
no importa que después sigas luchando.
Reza solemnemente y sin angustia,
dando a las formas su valor supremo.
Debes hacer un rito del vestirte:
la sobreveste puede ser mortaja.
Cuando vayas al paso hacia el combate
saluda brevemente a tus amigos
y baja la visera de tu yelmo
para significar que arrostras solo
la mirada, y de frente, del acaso.
En las manos de Dios está la vida.
Pídele la victoria solamente
y el perdón de la sangre y de la audacia.»
Soy en mayo [Antología 1982-2016], de Julio Martínez Mesanza; Renacimiento, 2017; pg. 66.

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