ARDER

Arde la hoguera sobre el acantilado.

En las rachas más violentas de nordeste bravo, el fuego parece apagarse;
sólo para revivir de inmediato, más intenso si cabe.

No arde en él madera o carbón, sino carne humana.

Pues arde un cuerpo sobre el acantilado.

Es lo único que siempre ha sabido hacer:

arder.

A cierta distancia, calienta.
Pero también puede hipnotizar. O cegar.

Quemar.

Ardo sobre el acantilado.

Sólo Dios sabe
cuánta ceniza le queda al viento
por llevar al horizonte.

Hoguera, de Isaac Levitan (c. 1895).

Deja un comentario


Descubre más desde EL SOSIEGO ACANTILADO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.